Contrario a lo que se cree, el chivo expiatorio no es el más débil, sino el más perceptivo.
Suele ser quien:
- detecta incoherencias,
- pone límites,
- hace preguntas incómodas,
- protege a otros miembros vulnerables.
Esto lo convierte en una amenaza para el sistema, que responde con castigo psicológico.
La culpa que carga el chivo expiatorio no le pertenece: es una proyección colectiva.
No es debilidad. Es consciencia.
Y el sistema lo sabe.

