Cuando la persona se distancia, pone límites o protege a sus hijos, el sistema reacciona.
Es habitual ver:
- campañas de desprestigio,
- victimismo extremo,
- manipulación de terceros,
- intentos de control encubierto.
No es casual.
Es pérdida de control.
La exclusión como castigo
Una de las respuestas más habituales del sistema cuando el chivo expiatorio se sale del rol es la exclusión.
Esto puede manifestarse como:
- expulsión de grupos familiares (WhatsApp, reuniones, celebraciones),
- silencios colectivos,
- decisiones tomadas a espaldas,
- desaparición repentina de invitaciones o información relevante.
La exclusión no es casual ni impulsiva.
Es un castigo relacional.
Al apartar al chivo expiatorio, el sistema:
- refuerza su narrativa,
- evita la confrontación,
- y envía un mensaje claro: "quien no se somete, queda fuera".
Paradójicamente, esta exclusión suele ir acompañada de un discurso público de unidad y sacrificio familiar, donde se insiste en que:
- "todo se hace por los hijos",
- "la familia es lo primero",
- "nadie da más que nosotros".
La coherencia no es el objetivo.
El control, sí.

